No es una dieta y no es una etiqueta ¿qué es?

Hay una zona de este jardín donde los surcos se difuminan. Es un parterre donde las especies que lo habitan no han sido colocadas ahí por nadie. Todo en esa zona se conserva sin haber mediación humana.

No es verdad. Alguien un día trazó un límite, hace tiempo. Separó lo cultivado de lo silvestre. Decidió qué especies merecían protección y cuáles debían ser arrancadas. Y luego, más tarde, extendió esa lógica a los cuerpos.

El especismo es una tecnología de dominación moderna. Su origen no está en la necesidad de comer, sino en la necesidad de jerarquizar. La Modernidad colonial necesitaba una línea clara: de un lado, los humanos (algunos humanos); del otro, los animales (todos los que podían ser tratados como recursos). Esa línea permitió animalizar a los colonizados, cosificar a las mujeres, convertir los cuerpos en territorios conquistables.

Frente a esta forma de ver el mundo, el antiespecismo no es una dieta ni una etiqueta que colgarse. No se trata de alcanzar una pureza imposible en un sistema que te obliga a ser cómplice cada día. Se trata de otra cosa: empezar a hacer cosas. Empezar a desmontar los roles de dominación donde te los encuentres. En tu plato, sí, pero también en las estructuras que convierten la vida en recursos.

El capitalismo, bajo la misma lógica, se declaró en rebeldía contra los límites. Contra los límites del planeta, contra los límites del cuerpo, contra los límites que impone la vulnerabilidad compartida. Y así construyó una cultura donde todo puede ser sacrificado con tal de que la economía crezca.

La pregunta no es si eres vegana o no. La pregunta es si estás dispuesta a habitar un mundo donde la vida no sea consumida. Y si estás dispuesta, la siguiente es: ¿qué vas a hacer hoy para que eso empiece a ser verdad?

No se trata de igualar todas las vidas en una situación de emergencia, sino de preguntarnos: ¿cómo hemos organizado la vida cotidiana para que el sufrimiento animal sea invisible, sistemático y masivo?

El problema es que esa misma lógica [lo humano primero] se usa para justificar granjas industriales, experimentación cruel o la destrucción de ecosistemas. Ahí no hay emergencia. Hay industria.

Si no entendemos como funciona la máquina que nos gobierna es imposible cambiar nada. Así se orquesta el despiece perfecto del bien común. Nuestra ignorancia no es accidental. (esto lo decía mi profesor de ética)